El regalo de detenerme.
Las emociones no son un error ni algo que haya que tapar: son movimientos que nos muestran lo que necesitamos ver.
Cuando me observo con honestidad, descubro de dónde vienen esas emociones: si son mías, si las aprendí de mis padres, si tienen raíces en historias anteriores. Esa mirada me permite reconocer que nada aparece porque sí, todo trae un sentido.
Al mirar a mi hija y a los niños, encuentro un espejo. Ellos muestran con sencillez lo que muchas veces a los adultos nos cuesta expresar. Y en ese reflejo, también me descubro a mí misma.
Observarme no es juzgarme, es darme cuenta. Y en ese darme cuenta, puedo elegir cómo estar presente, cómo acompañar y cómo honrar lo que me toca vivir.
Así, cada emoción deja de pesar y se transforma en una guía que me conecta con lo importante.
gracias por leerme abrazos
Maca.